Un lugar seguro: Referentes emocionales en personas con autismo
"And they think it will make their lives easier
For God knows up 'til now it's been hard"
The Turn of a Friendly Card - Alan Parsons
Durante el proceso de mi diagnóstico, descubrí algo muy interesante que le comenté a mi terapeuta: me di cuenta de que en ciertos lugares había logrado establecer un nivel de seguridad —y hasta de pertenencia— gracias a que había conectado emocionalmente con un referente.
Recuerdo una situación particular de ese año. Llegaba a un centro de estudios donde procuraba mejorar mi desarrollo docente. Cada lugar nuevo al que asisto genera esa cuota de ansiedad, e incluso, a veces, algún que otro pensamiento catastrófico:
"Me van a mirar mal."
"¿Y este raro?"
"Vas a meter la pata."
Eso rondaba por mi mente esa mañana. Me asombra cómo la vida (y siempre digo que Dios maneja los hilos) acomoda las cosas. Por ejemplo, logra conectar personas de un modo que no cabe en una explicación racional... a menos que uno se detenga a analizarlo. Y quizás esa mañana comenzó una de esas conexiones.
Con todos esos pensamientos, imagino que entré al lugar en modo autista, con muchas dificultades para enmascarar mi actuar. Llegué tarde y pregunté, con todo ese revoltijo interno, si esa era la sala correcta. Una persona —de esas que hacen la diferencia— me dijo: "Es aquí, pasa". No estoy seguro, pero creo que incluso me facilitó un lugar.
Esa persona generó un espacio de confianza que se fue consolidando con el paso de las semanas. Hoy somos amigos, pero además, se ha convertido en uno de mis referentes emocionales (lo cual no opaca, claro, el valor de su amistad).
Por supuesto, hay otros referentes emocionales en mi vida, y no todos son personas. Algunos son lugares específicos en los que me siento seguro y puedo regular mis emociones. Recuerdo que de pequeño siempre llevaba un libro conmigo a todas partes, aunque no lo leyera. Necesitaba tener algo propio para moverme por ahí. Hoy entiendo que ese objeto funcionaba como regulador emocional, me ayudaba a sentirme cómodo y seguro.
Los referentes emocionales pueden ser personas, lugares o contextos que funcionan como apoyo o modelo para la regulación emocional de una persona autista. Incluso en la adultez, estos referentes resultan esenciales para sentirnos seguros y regulados.
Los desafíos cotidianos —desde desenvolverse en ciertos espacios hasta gestionar emociones e interactuar socialmente— pueden ser muy complejos. Sin embargo, contar con un referente emocional brinda un soporte, un ancla, una fuente de seguridad.
¿Qué son los referentes emocionales?
La familia suele ser el principal referente emocional, tanto en la infancia como en la adultez, brindando un lugar seguro donde practicar habilidades sociales. Por supuesto, esto depende de que exista un vínculo funcional y saludable para todas las partes.
Los amigos también son fundamentales para cualquier persona. Pero en el caso de alguien con autismo, que tal vez no logre —o no quiera— relacionarse con muchos, tener un solo amigo que sea su regulador emocional, su espacio seguro fuera de casa, es tremendamente valioso.
Conozco personas con altas capacidades que se sienten completamente desbordadas al tener que hacer un trámite con un funcionario desconocido. Algunas logran superarlo solo si cuentan con alguien a su lado como soporte emocional. ¿Entienden lo importantes que son?
Además, algunos espacios físicos y objetos también pueden convertirse en referentes emocionales: una almohada, una libreta, el hogar de un amigo especial, un parque… Las posibilidades son muchas, pero tienen en común el hecho de que ayudan a regular y manejar interacciones sociales, calmar ansiedades provocadas por la incertidumbre, y hacer más predecible el entorno.
En mi caso, mi familia sin dudas representa un lugar seguro. Como mencioné antes, su apoyo ha sido fundamental para transitar este viaje de manera más serena.
Pero también tengo amigos que se han convertido en mis referentes. Amigos que son fundamentales para recorrer este mundo tan neurotípico de manera más segura y con más confianza. Estoy seguro de que, solo por estar ahí, han logrado salvarme el día más de una vez.
¿Por qué son tan importantes los referentes emocionales?
Los referentes emocionales actúan como reguladores emocionales en personas con autismo. Según lo que he investigado, su influencia se manifiesta en varios niveles:
Proveen modelos de expresión y manejo emocional, facilitando la imitación y el aprendizaje de estrategias de afrontamiento.
Ofrecen entornos seguros y predecibles, lo que reduce la ansiedad y favorece la autorregulación.
Fomentan la comunicación y la comprensión emocional mediante interacciones estructuradas y adaptadas a nuestras necesidades.
Ahora bien, la calidad del vínculo entre la persona autista y sus referentes es clave. Un clima afectivo positivo —basado en la empatía, la cercanía y el respeto— promueve la confianza y la seguridad emocional. No surge de forma forzada ni mecánica (ni siquiera puedo imaginarlo así). Aparece desde un intercambio mutuo, donde se comparten experiencias y se coopera en la gestión emocional.
En mi caso, para que las pocas personas que considero referentes realmente lo sean, necesito confiar plenamente en ellas. No hay otra forma. Solo piensen: la vida de una persona autista transcurre entre decepciones constantes. Las expresiones, los gestos, las intenciones... muchas veces son malinterpretadas o incomprendidas. Y eso nos margina emocionalmente. Nos lastima, aunque no sepamos bien dónde. Y nos deja con el miedo persistente de confiar en alguien que nos termine traicionando.
Me duele escribirlo, pero es la verdad. Sí, esto también le puede pasar a personas neurotípicas, pero en alguien con TEA —donde las emociones son tan difíciles de regular— el daño es más profundo y las consecuencias, peores.
Si conoces a una persona autista, y ves que logra conectar e interactuar de forma segura con alguien... si notas que eso le ayuda a autorregularse, a manejar mejor sus interacciones sociales, adaptarse sin ansiedad y mejorar su bienestar emocional... entonces estás viendo el resultado de que esa persona esté ante un referente emocional.
Permítele que lo aproveche. Y agradece que no esté solo en este complejo mundo neurotípico.

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