La pérdida de la amistad en el espectro TEA
"Mamá, no puedo saber cuándo la gente se está burlando de mí o siendo amable, pero algún día alguien realmente querrá ser mi amigo, y quiero estar disponible".
Kate.
Mucho se dice que los amigos van y vienen; a veces por desencuentros, otras porque la vida misma nos mueve de lugar y circunstancias. Lo cierto es que, en el espectro TEA, la pérdida de una amistad tiene efectos más profundos y se traduce en procesos más difíciles de asimilar para la persona neurodivergente. Debido a la intensidad con la que conectamos y la función vital que estos vínculos cumplen, el abandono no solo se vive como una pérdida afectiva, sino como la privación de un recurso crítico para la supervivencia social.
Si el amigo neurotípico ha sido un mediador o, en un sentido práctico, un escudo para la persona con Asperger o Autismo, su ausencia puede desencadenar situaciones de gran impacto.
Perder al referente del día a día
Para una persona con TEA, un amigo cercano no es solo un compañero, sino un acompañante y un "traductor social". Es un referente que muchas veces cumple, indirectamente, el papel de guardián. Dado que solemos ser vulnerables y "blancos fáciles" al no interpretar correctamente gestos o intenciones visuales, terminamos dependiendo de la protección de ese amigo, quien actúa como un filtro saludable ante situaciones dañinas.
La pérdida de ese vínculo nos desorienta: el mundo a nuestro alrededor se vuelve más impredecible e inseguro, pues ya no contamos con quien prevenga nuestras "metidas de pata" sociales. Por otro lado, la dificultad para comprender razones sutiles o emocionales puede causar un sobreesfuerzo cognitivo; intentamos reproducir mentalmente los eventos para descubrir qué se hizo mal o quién tuvo la culpa. Debido a la literalidad —esa sensación de que la verdad es absoluta y las cosas son blanco o negro—, un alejamiento sin explicación lógica genera un estado de confusión permanente que hace muy difícil pasar página.
La última vez que esto me ocurrió, decidí no esforzarme más por hacer amigos e intentar vivir la vida por mi propia vereda, con todo lo que eso signifique (aunque no siempre lo dimensione con una visión realista).
Una cuestión de autoestima
Para quienes vivimos en el espectro autista, la simple conciencia de ser "diferentes" puede despertar sentimientos negativos. En este contexto, el abandono no se interpreta como un proceso natural de las relaciones humanas, sino como una prueba más de que somos "defectuosos" socialmente; de que somos incapaces de construir y mantener amistades sinceras o de que los vínculos humanos no están a nuestro alcance.
Obviamente, esto aumenta la probabilidad de caer en una depresión reactiva. Al perder la conexión afectiva de esta manera, es muy posible que se desborde la capacidad de regulación emocional, conduciendo a:
Meltdowns: Crisis explosivas de ira o frustración al no poder procesar la situación.
Shutdowns: Un retiro completo hacia un estado de mutismo o aislamiento extremo, desconectando del entorno para intentar "reparar" el sistema a nivel neurológico.
Socializar no es fácil para una persona con TEA. Queremos tener amigos, no queremos rendirnos, pero requiere un esfuerzo agotador (un masking constante). Cuando una amistad se pierde tras años de intentar "parecer normal", uno puede concluir que no vale la pena seguir invirtiendo esa energía y termina buscando refugio en la soledad absoluta.

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